miércoles, 10 de diciembre de 2008

Pregunta


¿Dónde vive nuestra mujer soñada, de dónde sale el amor? ¿Es acaso solo nuestra necesidad que impostamos a una persona compatible con un gusto, un deseo, un buen diálogo? ¿Es externo el amor, un sentimiento que nos invade porque viene acompañado como una especie de aroma perfume en el otro, o será nada más que una necesidad egoísta, que a pesar de todo nos hace compartir?

3 comentarios:

PrincesaSissi dijo...

¿ADONDE ESTA LA MUJER SOÑADA?

Cuando llego a esta parte del mar pienso que los países de la costa son un buen destino para una humanidad como la mía. Lo pienso varias veces en un solo minuto. Al rato se me acerca un hombre que me mira con cara de “¿Usted no se querrá perder, no? Y yo le devuelvo la mirada con un: “Pierda cuidado. Tengo que volver a casa”. Lo único real a esta hora de la tarde es el sol iluminando a la anciana que ríe cada vez que moja sus pies en el agua del mar. Caminó por la hierba/ Trémula todavía./ Los aires fueron como/ sus doncellas de tímido pie, Buscando sus fajas tejidas,/ Todavía ondulantes. A veces me pregunto si esa señora vuelve a su casa. Lo pregunto porque siempre que vengo –y lo hago todos los días- está ahí, al lado del muelle, divertida, con su mascota tan extraña como ella. Quizás la vieja haya encontrado su lugar en el mundo. O todo no sea más que una imperfección del tiempo, como esas máquinas que repiten operaciones sin cesar. Como hace mucho no me pasaba, me siento un hombre privilegiado. He descubierto una falla en el tiempo: o el tiempo se ha olvidado de esa mujer o al revés. Es como estar frente a una escala menor de un pentagrama mudo. Tal vez si decido bajar e intentar un diálogo, la anciana no responda. Pero es más probable que el destino no me dé la oportunidad de ratificar la falla. Es casi seguro que si desciendo al muelle, antes me tropezaré y me romperé el tobillo y unos hombres salidos del aire me llevarán a un lugar que nadie imagina. Entonces, mejor me quedo aquí. Soy lo que me rodea.// Las mujeres comprenden esto./ No se puede ser duquesa/ A cien yardas del carruaje// Esto, pues, son retratos:/ Un vestíbulo negro;/ Una cama alta rodeada de cortinas.// Esto son sólo ejemplos. El hombre sigue a mi lado y cada tanto se asegura de mis buenas intenciones. Y yo, que estoy lleno de buenas intenciones descabelladas, le respondo con la posición de mi cuerpo aplomado que “me quedaré aquí un rato más, hasta que llegue el joven con la bicicleta”. Desde el primer día, en este paraje veo a un adolescente de belleza femenina que pasea con una bicicleta. No puedo evitar preguntarme adónde va. “¿A dónde se puede ir en este país con una bicicleta?” Tengo una leve intuición. El joven debe ir a auxiliar a su abuelo, que acaba de caerse de la cama por tener una pesadilla. Las pesadillas son malas, pero caerse de la cama dormido lo es aún peor. Aunque los que se caen de la cama son admirables. Sólo los sobrevivientes lo logran o los que sufren insomnio. Y si uno sufre insomnio, está salvado. Lo dijo el poeta (otro, que no es Wallace). También –y esto lo digo yo- los seres apasionados. Todavía recuerdo a esa soldadora acuática de buques en el fin del mundo. Me gustaría que la conozcan. Ama tanto su oficio que es imposible no amarla a ella y a sus barcos. Pero vuelvo. No me disperso. Envidio a ese púber en bicicleta preocupado por su abuelo que se cae de la cama. Si pudiera preocuparme, lo haría por los que se caen de la cama. Así, no estaría contemplando a esa vieja que hace 300 años hace lo mismo y fue olvidada por el tiempo. Una sombra se aleja. El señor que estaba a mi lado se va. Se va de mí. Ya no me vigila. Le pregunto: “Escúcheme, ¿y yo? Mire que puedo hacer cualquier cosa”. “¿Qué?”, pregunta. “Por ejemplo, ir hasta donde está la señora y averiguar si es tan real como parece”. El hombre se da vuelta y continúa su camino. La anciana quiere ponerse un sombrero; se acaricia las rodillas. Sonríe Un aliento en su mano/ Acalló la noche./ Se volvió/

Lucas dijo...

Es necesario pensar en la mujer soñada? No sería mejor pensar en lo que nos resta de vida y en lo poco que hemos hecho por nosotros mismos? La busqueda del amor es necesaria, pero plantearsela como el dilema mas importante del hombre es un absurdo

Sir Stefano dijo...

Me parece que preguntas como estas simplemente,surgen a veces, sin que caminemos pensando que será de nuestro amor ausente (en este caso).
No creo que el texto sea un desahogo de alguien que se plantea cosas irresolutas porque está aburrido, sino por una cuestión esfervescente, como tal vez lo sea su respuesta.